El ritmo de mi pulso no es el regular.
Pero es una anormalidad que ya conozco,
y aunque no sepa la causa,
sólo puede tener un significado;
escribir…
Todo dentro de mí
me exige que esboce unas líneas.
No sé sobre qué,
ni por qué lo desea mi alma
pero así es…
¿A quién?
No lo sé.
Paso por un trance donde todo pasa…
siento alegría, una cierta paz,
y quiero poner mil versos en un pilar
en honor a mis amigos,
mis ilusiones, mis sueños,
la ingenuidad,
el calor del amor correspondido…
Luego experimento algo de ansiedad,
y la lírica escapa al recuerdo de la espera,
el encuentro deseado,
el mañana próximo,
la llegada del anhelado…
Posteriormente el dolor,
vocablos surgidos
desde la distancia
que impone la indiferencia estremecedora,
la soledad prolongada,
el llanto contenido derramado luego al vacío,
la confianza traicionada, el amor ignorado…
Me abandono a mis letras.
Sólo veo un destello de luz,
siento golpecillos en mis dedos,
y escucho el sonido de teclas,
que denuncian que estoy escribiendo,
pero no veo ni pantalla, ni hojas, ni letras.
No veo nada descriptible,
solo me entrego a SENTIR.
Les permito a mis manos que dancen,
plasmando todo lo que pasa por mí…
