miércoles, 8 de junio de 2011

Escribiéndome...

El ritmo de mi pulso no es el regular.
 Pero es una anormalidad que ya conozco,
y aunque no sepa la causa,
sólo puede tener un significado;
escribir…

Todo dentro de mí
me exige que esboce unas líneas.
No sé sobre qué,
ni por qué lo desea mi alma
pero así es…

¿A quién?
No lo sé.
Paso por un trance donde todo pasa…
siento alegría, una cierta paz,
y quiero poner mil versos en un pilar
en honor a mis amigos,
mis ilusiones, mis sueños,
la ingenuidad,
el calor del amor correspondido…

Luego experimento algo de ansiedad,
y la lírica escapa al recuerdo de la espera,
el encuentro deseado,
el mañana próximo,
la llegada del anhelado…

Posteriormente el dolor,
vocablos surgidos
desde la distancia
que impone la indiferencia estremecedora,
la soledad prolongada,
el llanto contenido derramado luego al vacío,
la confianza traicionada, el amor ignorado…

Me abandono a mis letras.
Sólo veo un destello de luz,
siento golpecillos en mis dedos,
y escucho el sonido de teclas,
que denuncian que estoy escribiendo,
pero no veo ni pantalla, ni hojas, ni letras.
No veo nada descriptible,
solo me entrego a SENTIR.
Les permito a mis manos que dancen,
plasmando todo lo que pasa por mí…

Ensombrecidamente...

¿Por qué te ves tan ensombrecidamente? 
Si hablas con alguien de tu persona,
no vas a tardar ni un instante
en encontrar virtudes para destacar,
o al menos lo que te apasiona,
lo que te impulsa a hacer algo,
lo que te mueve a reaccionar…

Pero luego, en soledad,
cuando es noche de frío,
de sólo una almohada,
de oscuridad sin destellos;
sólo sabes ver todo lo peor de tus interiores,
las mayores imperfecciones de tu desnudez,
las lágrimas que por ocultas y retenidas
que ya son ácido en tus sienes ardientes…

Se cierran tus ojos fuertemente,
sin humedecerse,
pero reconociendo el dolor arraigado…

Crees ver algún brillo tras tus ojos,
un buen recuerdo…
y tu boca se curva
en un mueca similar a sonrisa,
pero es otro engaño…
no te convences
de que realmente merezcas afecto,
porque te ves sólo entre densas oscuridades…

Des-encadenada

Desvinculándome de toda atadura
Con ideas que limitaran mi propia esencia
Lancé un grito desgarrado
Prometiéndome Ser yo Siempre!
Mas aún creyendo que lo era
Fui sólo un simulacro de persona
Esperando por hacerse realidad
Al encontrarte en un Nosotros
Aprendiendo de improvisto
Que no se puede saber Existir
Hasta sentirse renacer del mal morir
Resurgiendo por Amor de la indiferencia
Y las vanas costumbres de “simular”…

Viéndome...

“Tenés que caminar más derecha, no tenés que intimidarte, es bueno lo que hacés”… Termina el ciclo literario, ya he leído, venciendo (o no) nuevamente ese temblor en las rodillas, oyendo también leer a muchos otros. Sé que a veces no camino “correctamente derecha”, no es la primera vez que escucho algo así, pero es como si aún escuchara aquel “es bueno lo que hacés”. Se refiere a mis letras, pero qué hay de la Vida? Qué hay de “lo demás”, toda yo? “Es bueno lo que hacés”. “Con respeto, siempre seguir”, mi principal máxima, que me hace Continuar… “Es bueno lo que hacés”… Tan seguido me veo cerca de rendirme, para luego volver a incorporarme, aunque capaz sea algo cierto, “Es bueno lo que hacés”… A veces sí, a veces no, las más, las menos… pero pasa el tiempo y aún lo escucho, “Es bueno lo que hacés”… Suspiro, parpadeo con fuerza, y busco aparentemente despreocupada algo que distraiga mi atención, pero “Es bueno lo que hacés” no se marcha… He aprendido con el tiempo a ver con otros ojos… Los problemas, los desafíos… Sólo me resta aprender a verme así a mí misma. Quebrar este espejo vacilante, y verme en reflejos más diáfanos, reconociéndome nuevamente, Re-Conociéndome… “Es bueno lo que hacés”. Vuelvo a suspirar, aunque esta vez con otra intención y sentir… Me siento distinta, el aire cambia, ya no es el mismo… Aire que hacía mucho no sentía, (o jamás había sentido). Se trata de estar volando más alto, Siendo yo, Continuado, sin temor del viento adverso, que lejos de derribarme, me hace abrir alas…


sábado, 4 de junio de 2011

Algo de peso...

Una piedra, o capaz una piedrita… Sí, una piedrita más, agregada a las que ya llevaba, y pareciera no significar demasiado… Una piedrita, sí, que para muchos es nada, porque la ven desde lejos, aunque de tener que enfrentarla, no lo verían así (o sí, no sé…). Por el momento no sabría decir mucho más, sólo que lo que para tantos es insignificante y “poca cosa”, puede ser para mí algo de más valor, algo que no necesariamente me vaya a cambiar la vida, pero sí me puede afectar por unos cuantos días (o mucho más…).

“Solamente un mal momento, pero para olvidar pronto”, o haciendo de cuenta que olvidamos, enterrándonos por cuánto tiempo más? Podrá ser una piedrita, o una piedra, o bien un obstáculo mucho mayor, pero no del menosprecio surge fuerza, y mucho menos de la indiferencia un momento de paz…

Me dirán sensible o débil, sentimental o muy poco valiente, pero qué críticas o demás desestimaciones me harían cambiar, endurecerme que lo mismo sería que usar las mismas máscaras que tanto tiempo detesté? Nada que puedan decirme o insinuarme me haría cambiar, porque cumplo la promesa que me hice de no abandonar la autenticidad por frías palabras, y con convicción así seguiré…

Nuevamente recurro a los puntos suspensivos, pero muy lejos están de ser vacilantes, sino que dejan que las palabras continúen un poco más, como del mismo modo se quedan en mí más tiempo del que demoro en escribirlas (mucho más…)

Una piedra o una piedrita, a lo mejor sólo una piedrita, sólo que en un mal momento. Pero su capacidad de derribarme termina donde yo decido que no lo logre, y ya decidido continúo… Con pesar? Puede ser, pero firme, y llevando como pueda el peso que corresponda, porque negarlo es llevar una máscara, y no estoy dispuesta a cargar con ese peso…