lunes, 23 de julio de 2018

El cuchillo


El cuchillo siempre había estado ahí. Siempre lo había mirado con temor a la tentación,
pero había jurado que jamás sucedería. Jamás se mancharía de rojo.
No heredaría el crimen de sus antepasados.
Lo había jurado, pero ahora el tirano se lo ordenaba. La orden era inapelable, y debía
obedecer. Pálida pero decidida tomó el arma y se preparó para comenzar.
Dudó por un momento, pero los ojos del tirano eran crueles. Sintió que su vida daba
un giro desgraciado en ese instante. Prosiguió. El cuchillo se hundió, y aunque lo hacía
con los ojos cerrados sabía que eso era una masacre. Veía la blancura mutilada,
la carne desparramada, y quería llorar.

Al terminar quiso jurar que jamás se repetiría, pero el tirano la había visto
doblegarse con obsecuencia, y sabía que al cabo de algún tiempo se lo ordenaría
nuevamente.

Y se preparó para seguir almorzando, pero maldiciendo ese día, y al maldito cuchillo,
y al maldito tirano del tiempo, que le había hecho quebrar uno de sus más firmes
mandamientos:

“No cortarás los tallarines”.


Luz Ríos Iribarne. Publicado en El hogar de los cuentos, Ed. Dunken, 2017

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