Con un día diáfano
podemos imaginar
tormentas lejanas.
Cuando todavía no llueve
soñamos con el petricor
que nos traerá la humedad
y la promesa de lluvias.
Pero cuando es domingo
y llueve melancolía
no hay ilusiones
que rejuvenezcan las horas.
Cuando la tormenta es presencia
el tiempo se estanca
y esa violencia
estalla en el rostro del doliente.
Se publicó en “Estar de Paso”, Antología de La Hora de Cuento Ediciones, 2023
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