Mi mirada distante y forzadamente inexpresiva te aleja, mientras mis oídos se desviven por oír tu voz...
Pasado el ojo del huracan, vuelvo a atravezar la peor de mis tormentas... Navego en las más cruentas turbulencias de mi espíritu.
Hoy termino de entender la fatal diferencia entre una silla desocupada, y una silla vacía.
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