Un
subte con estética de los años veinte o incluso diez. Medio de transporte
grabado en la memoria colectiva, que nos transporta en un viaje posmoderno,
dentro de una cabina moderna. Carros de madera, que remiten a las mejorar
ficciones propias, con sus ruidos y diseños, que aún hoy me hacen pensar en
viajes fantásticos.
Una
mujer mira por la ventana, y otra se estudia en un espejo, que alguien habrá
puesto en una modernidad que marchaba a su transformación, y sin embargo hoy
sigue combatiendo.
Un
subte línea A, pensado con la idea de progreso y viajes a mejorar, que hoy nos transporta con ideas
posmodernas, con carteles pegados rompiendo con la sintonía de su estética
inicial, pero fracasando en su intento de distraer la atención del espectáculo
que la formación subterránea representa, y que desde hace casi un siglo,
deambula en su propio recorrido laberíntico.
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