Temor
al olvido
¿Sabés
algo de María? Hace rato que no la veo, igual seguramente ya se olvidó de mí…
“María”
por decir, por completar con un nombre, que podría ser Luis, Mauro, Candela,
Florencia. Por resumir todos los temores en un nombre y una pregunta casual, al
pasar, y que sin embargo resume los peores fantasmas…
El
olvido… Por cada credo se edifican un millón de religiones, que a partir del
mismo Dios se contradicen entre ellas. Una serie incalculable de textos,
mandamientos, sanciones y preceptos para asegurarnos la salvación, para salvar
nuestra Vida. Ya tenemos métodos y hasta recetas para vencer a la Muerte, pero
no existe consuelo ante el olvido.
El
olvido es un fantasma al que le arrancaron su sábana. No podemos verlo, y nunca
sabremos si nos ataca, pero lo que nos aterra justamente es que salte sobre
quienes amamos, borrándonos por completo… El olvido es el mayor temor, casi sin
prevenciones, ni consuelo posibles…
Quizás
se acuerden de lo que dije pero no mi nombre. Quizás recuerden mi nombre pero
no lo que viví. Soy un reloj de arena, que por cada grano que cae pierde parte
de su existencia a los ojos que observan.
Cuando
aquel temor regrese, cerraré los ojos, cubriré mis oídos, y cantaré alguna
canción, para distraerme, y decirme a mí misma que no es cierto, que el olvido
en realidad no existe, y que es un engaño para perder el sueño… Pero sabré que
me estoy mintiendo, porque aquel fantasma sigue, asechando constante, para
borrarme nuevamente.