sábado, 3 de octubre de 2015

Olvido II

Temor al olvido

¿Sabés algo de María? Hace rato que no la veo, igual seguramente ya se olvidó de mí…
“María” por decir, por completar con un nombre, que podría ser Luis, Mauro, Candela, Florencia. Por resumir todos los temores en un nombre y una pregunta casual, al pasar, y que sin embargo resume los peores fantasmas…
El olvido… Por cada credo se edifican un millón de religiones, que a partir del mismo Dios se contradicen entre ellas. Una serie incalculable de textos, mandamientos, sanciones y preceptos para asegurarnos la salvación, para salvar nuestra Vida. Ya tenemos métodos y hasta recetas para vencer a la Muerte, pero no existe consuelo ante el olvido.
El olvido es un fantasma al que le arrancaron su sábana. No podemos verlo, y nunca sabremos si nos ataca, pero lo que nos aterra justamente es que salte sobre quienes amamos, borrándonos por completo… El olvido es el mayor temor, casi sin prevenciones, ni consuelo posibles…
Quizás se acuerden de lo que dije pero no mi nombre. Quizás recuerden mi nombre pero no lo que viví. Soy un reloj de arena, que por cada grano que cae pierde parte de su existencia a los ojos que observan.

Cuando aquel temor regrese, cerraré los ojos, cubriré mis oídos, y cantaré alguna canción, para distraerme, y decirme a mí misma que no es cierto, que el olvido en realidad no existe, y que es un engaño para perder el sueño… Pero sabré que me estoy mintiendo, porque aquel fantasma sigue, asechando constante, para borrarme nuevamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario