Ya
tenemos métodos y hasta recetas para vencer a la muerte,
Pero no
existe ni consuelo ante el olvido…
El
olvido, aquel fantasma despojado de su sábana…
Soy un
reloj de arena, que con cada grano caído,
Pierde
lentamente su existencia a los ojos de los que observan…
Cuando
regrese el temor cerraré los ojos, cubriré mis oídos,
Y diré
que no es cierto, que el olvido no existe…
Pero me
estaré mintiendo y lo sabré…
Es un fantasma invisible pero constante,
Asechando
en cada rincón,
Para
borrarme nuevamente…
No hay comentarios:
Publicar un comentario