viernes, 24 de julio de 2015

Esta noche no me importa mi nombre
Soy toda mi oscuridad.
Mi deseo y mi decepción
Mi lágrima constante
El grito que antes de gestarse
Se ahoga al cerrar los ojos con fuerza
Esta soledad
Y sin embargo todos mis fantasmas.
Quiero saltar a mi vacío.
En realidad debo hacerlo.
Pero me da pavor.
Soy tan pequeña…

Comparada con mi propia ausencia en mí.
Continente de mis lágrimas guardadas,
Mi voz me delata frente a todos los espejos
No hay mentira posible.
La angustia se embarca
En un suspiro que escapa entre mis palabras.
La dubitación desnuda mi inseguridad.
Un temblor que creo imperceptible,
Me tiñe de una sombra que ya todos vislumbran.
Voz que me desviste pero a la vez me enmascara.
Otrora pareciera que la seguridad regresa,
Cuando en realidad la dubitación continúa
Y la lágrima vuelve a mis ojos,
Donde quizás alguien llegue a notarlo,
Mientras continúa la agonía

Sólo que en silencio.
La palabra se ha edificado
sobre la pleamar del recuerdo
que traman las manos
que acarician el instante.

Cuando transcurra fugaz
como el destello de un acorde
dejara en estas arenas
el sabor de una memoria,
epítome del ayer
acaso nuestra última estrofa.

domingo, 12 de julio de 2015

La palabra se embarca
y viaja hacia un horizonte
que acaso sea horizonte del mío
o aún otros horizontes más.

Navega varios ocasos,
o amanece en un nuevo vuelo,
pero aunque lejana, insistente
en una canción
que aunque olvidada,
al dormir regresará
conmoviendo los cimientos
de una máscara de calma...

Quizás el oleaje traiga sus resabios
o quizás sólo resuene ansiosa
en los últimos destellos del alba
nombrando un verso buscado
que no nombra al amor,
pero lo lleva en cada sonido.
Duermo placenteramente
pero una palabra me insiste.
Pretendo no sentirla
pero me sacude en las sábanas.
Una imagen regresa
y se instala en el espacio de una duda.
Una melodía me asecha
y saltará sobre mí,
cuando frecuente aquel recuerdo.

Son esas sombras,
que jamás nos abandonan;
los resabios de un ocaso temprano,
que regresan como irredentos fantasmas,
sonriendo en un rincón de la memoria,
como una serpiente acechando,
y siempre con su veneno dispuesto.
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Y sí, ya sé que me miento,
a decir que duermo placenteramente,
pero en el desvelo de la palabra insistente,
postergo un poco un nuevo ataque
de mis propias sombras.

domingo, 5 de julio de 2015

Incluso el sol se ensombrece
advirtiendo su propio silencio
que se sumerge en búsqueda osada
por aquella caricia perdida
que le han dicho,
se perdió entre la espuma.

Las estrellas lo oyen
del canto de la luna
que la caricia retorna
desde un beso esperado,
ya no en espuma o arnas
sino en tintas diáfanas
dibujadas en un amor,
que si existe,
enceguece su búsqueda.