domingo, 12 de julio de 2015

Duermo placenteramente
pero una palabra me insiste.
Pretendo no sentirla
pero me sacude en las sábanas.
Una imagen regresa
y se instala en el espacio de una duda.
Una melodía me asecha
y saltará sobre mí,
cuando frecuente aquel recuerdo.

Son esas sombras,
que jamás nos abandonan;
los resabios de un ocaso temprano,
que regresan como irredentos fantasmas,
sonriendo en un rincón de la memoria,
como una serpiente acechando,
y siempre con su veneno dispuesto.
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Y sí, ya sé que me miento,
a decir que duermo placenteramente,
pero en el desvelo de la palabra insistente,
postergo un poco un nuevo ataque
de mis propias sombras.

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