jueves, 8 de noviembre de 2012

¿Por qué escribo?



“Y usted preguntará por qué cantamos”
Escribir… ¿y por qué escribo?
Palabras en esta hoja, de un cuaderno ya amarillento y algo estropeado.
Palabras que acaso jamás, o muy pocas veces lleguen a penas a rozar el viento.
Palabras que si hasta hoy nadie dijo, quizás sea por absurdas e insensatas.
Palabras que con el tiempo hallarán su perecer en mi propio rechazo,
y que a diferencia de aquel canto, más que respuestas sólo me generan cada vez más preguntas…
Y sí, preguntarán por qué escribo…
Porque de esas preguntas nacen luego mis respuestas…
 Porque  esperé certezas sino donde dirigir mis pasos…
Y si he de morir junto con mis palabras pajo mi propio desprecio,
 prefiero estar matándome para renacer, y no para eliminar a una desconocida.

domingo, 21 de octubre de 2012

Un delírio subterráneo


Un subte con estética de los años veinte o incluso diez. Medio de transporte grabado en la memoria colectiva, que nos transporta en un viaje posmoderno, dentro de una cabina moderna. Carros de madera, que remiten a las mejorar ficciones propias, con sus ruidos y diseños, que aún hoy me hacen pensar en viajes fantásticos.

Una mujer mira por la ventana, y otra se estudia en un espejo, que alguien habrá puesto en una modernidad que marchaba a su transformación, y sin embargo hoy sigue combatiendo.

Un subte línea A, pensado con la idea de progreso y viajes a  mejorar, que hoy nos transporta con ideas posmodernas, con carteles pegados rompiendo con la sintonía de su estética inicial, pero fracasando en su intento de distraer la atención del espectáculo que la formación subterránea representa, y que desde hace casi un siglo, deambula en su propio recorrido laberíntico.

Más brevísimos

Mi mirada distante y forzadamente inexpresiva te aleja, mientras mis oídos se desviven por oír tu voz...


Pasado el ojo del huracan, vuelvo a atravezar la peor de mis tormentas... Navego en las más cruentas turbulencias de mi espíritu.



Hoy termino de entender la fatal diferencia entre una silla desocupada, y una silla vacía.
Todos desconocemos nuestra última cena... Lo doloroso, es que cuando sabemos que ha pasado, caminando hacia el final, ya hemos olvidado los sabores.

domingo, 14 de octubre de 2012

Octubre 2012


Antonio Santa Ana, Los ojos del perro siberiano: “Aprendí que la luz del sol es Despiadada, son las sombras las que nos protegen”

Lo leí a mediados de 2003.

21 de junio 2004, después de una agonía, despiadada como esa luz del sol, fallece mi abuelo, despidiéndose como quien dice “ya fue suficiente, ahora tengo que descansar un poco”, terminando con su padecer, pero dejándonos a todos, aunque bien sabíamos que el momento se acercaba, esperando señales que nos dieran algunas palabras más de tu parte, perpetuando mi sensación de agonía por un tiempo que ni yo llego a mensurar… Ese día había un sol radiante, que se burlaba del invierno que comenzaba, y más que nunca, la frase de Santa Ana tuvo un valor indecible para mí.

Al poco tiempo después, producto de repetidas inundaciones que nos hicieron perder entre otras cosas fotos valiosas, hicimos digitalizar varios negativos. Al ver las fotos, encontramos la única foto con que yo daría imagen a este escrito. Una foto de mis abuelos juntos, foto que al menos en mi casa nadie había visto antes.

Septiembre 2012, después de tener tanto tiempo en mi mente la frase de Santa Ana, compré el libro, que hacía ya nueve años que no leía, y si bien pude valorar mucho que antes no había percibido, pude principalmente reencontrarme con esa frase, que hacía tiempo dudaba “dura, dañina, hiriente… qué palabra usaba?... Despiadada, la luz del sol es despiadada”. Lloré al reencontrarme con esa frase, con su significado, pero principalmente por reencontrarme con lo que era para mí… Y como vaticinio de las próximas semanas, aunque ni lo podía imaginar.

1 de octubre de 2012, a la noche suena el teléfono y me entero de algo demasiado doloroso, y de la peor manera… Era papá: “Hola Luz, estoy acá en Lanús, porque… bueno,  viste que falleció la abuela”. Se me heló la sangre. La única que lo había sabido era mi abuela materna que justo había llamado poco después que mi tía la encontrara. ¿Por qué suponían que yo iba a saber? A sólo tres días de su cumpleaños 81, donde había estado bien, aunque por tiempos, y algo que capaz nunca me perdone, no había podido verla, nos había dejado, sin más que alguna foto sonriente de tres días atrás, y una confusión terrible.

¿Sabe Don Antonio? (Santa Ana), el día siguiente, 2 de octubre de 2012, llovió todo el día… No por eso iba a ser menos doloroso, pero al menos era como si el mundo que me rodeaba estuviera en sintonía, y no me sentía tan sola…

¿Cómo contarles a todos lo que había pasado? ¿Amigos, compañeros? La foto. Nuevamente la foto. Una foto de cuando yo ni existía (se nota que tiene más de treinta años esa imagen), que encontré cuando mi abuelo ya no estaba, y ahora, la recordaba cuando ya se habían ido los dos.

De mi abuela me quedó más… Pude compartir varias tardes con ella, y me quedó una noción más clara. De mi abuelo, como había empezado el camino de su deterioro cuando yo era apenas una nena, me quedó la sensación de un gran misterio, y es por eso que a veces pienso que esa espera de una señal que nos diga algo más de él, para mí continúa, a tal punto que ya es parte de mí, y sin pensarlo, encontrando algo de él, lo miro varios minutos tratando de “escuchar” lo que me dice…

Sé que si bien volví a leer hace poco a Santa Ana, en estos momentos me diría todavía más, aunque todavía me tiemblan las manos cuando tengo el libro, y “Despiadada” es una palabra que transcribí sólo por jactarme de poder recordar bien esa frase, y no porque ya haya podido verificarlo volviendo a leer ese capítulo.

Hoy, además de poder darle palabras a este dolor, he terminado de pintar un lienzo, que hacía más de un año descansaba en un atril, avergonzándome por no poder nunca ni empezarlo. Aunque el dolor sea inmenso, también es impulso, y es mi decisión, si me empecino en quedarme en el lugar, y el impulso me haga hundir en las profundidades de mi angustia, o acepto la oportunidad de que me ayude a salir adelante. Espero estar decidiendo correctamente, y valerme del impulso no me haga por el contrario perpetuar el dolor en mis pasos.

lunes, 9 de julio de 2012

A mi tía abuela/ángel Lidia


Para mí fuiste siempre un ángel terrenal, como para muchos...
De vos aprendí mucho más que un bizcochuelo de limón...

me enseñaste la lección de la sonrisa ante el dolor.

Pero hoy no puedo tía... Hoy no me sale esa lección.



Te extraño demasiado y te necesito.

Necesito ver esa fuerza

la que siempre te permitió la alquimia

de transformar tu bastón en la tercer pierna

que te condujo kilómetros hasta vernos,

cuando las rutinas nos ataban a un circuito...



Mamá, tía, tía abuela, cuñada, amiga, ángel, todo...

Siempre mucho más que maravillosa....
Qué más decirte?



Sé que ahora estás en un cielo donde no hay dolor

ni pena alguna que te abata...

Estás del brazo del tío, tomando unos mates con cascarita...

Porque corazón guerrero y puro como el tuyo

no conoce otro destino que el soñado siempre

el vivido a cada día,

con la simpleza de las almas inmensas...



Pero yo no conozco luz similar tía...

Y te extraño...



Este día que te nos vas, hay quienes parecieran ignorar que están vivos...

Mientras vos, ya en tu cielo, seguís en quienes te amamos...



Espero que disculpes las lágrimas que dan estas letras...

Son de unas manos que a mares están de tus fuerzas.

sábado, 30 de junio de 2012


Soñé con una historia de amor... Aluciné que lo asumía con madurez, aunque jamás esperé que fuera una historia perfecta... Jamás esperé lo perfecto, porque todos somos imperfectos, y con mis errores ya bastaba para que la historia fuera lo suficientemente imperfecta...

Pero también el alma tiene un límite, cuando se ve gravemente herida, ante miradas de indiferencia donde antes brillaron ojos al verme...

No puedo seguir despreciándome... Creyendome madura imaginé un cuento... Pero como todo cuento fue corto, y ahora me quedo vacía...

Tengo miedo.