Con su destello las llamas
o los astros con soberbia
guían las aguas sumergidas en rezos
que ya no han clamado por vientos
sino un claro en la tormenta
que silencie los truenos
y aquiete las arenas.
Pero la furia del viento
desoye el lamento
de la luna y el fuego
cual sea su procedencia.
Su música es la lluvia,
con su indómita furia
y los cristales se mezclan
con múltiples trozos de hielo
pertenecientes a una imagen
que cansada,
ha perdido el equilibrio.
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