Cuando la Vida y la Muerte juegan una pulseada, se deberían expulsar a los Silencios del recinto, porque sino, en compañía del Olvido, hacen que la Parca levante el codo, y vitoreando antes de tiempo, le aseguran la victoria.
Cuando la competencia se torna así de desleal, los rezos llegan a ser insuficientes.
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