Y sigo aquí,
sumergida en la paradoja
de materializar lo abstracto,
hacerlo visible,
llorar lo impronunciado,
desde palabras silenciosas,
escritas a destiempo,
quizás nunca destinadas,
a pronunciarse a lo alto,
porque su misión real,
era darle una imagen,
música o textura,
a lo que continúa sin nombre,
aunque nos congele las sienes...
No hay comentarios:
Publicar un comentario