Volvés ahora.
Te pedí que no lo hicieras pero aquí estás, irrefrenable impulso por escribir. Me llevas a inmortalizar momentos en lineas torpes en las que sólo yo veré quizás algún escaso sentido.
Llegás ahora, justo ahora, cuando mi deseo en realidad es olvidar estos pocos, aunque interminables momentos, en que me invade la desazón de la soledad, y mi único deseo es un abrazo, que me haga sentir que el dolor me abandona.
Pero desoyendo mis súplicas volvés ahora. Te pedí que no lo hicieras por un tiempo, pero acá estás, obligándome a perpetuar en mi alma, un dolor que habría de ser pasajero. Llegás ahora cuando mi auténtico deseo es cerrar los ojos e irme de mí, hasta que el calor de unas palabras en mi oído me rescate, borrando el recuerdo de mis propios mefíticos susurros.
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