Noah vibró con su fuego y halló a Suri.
Suri migraba desde lejos sin saber
que dejaría su huella en Noah
quien herida vagaba
con temor de Amaru.
Noah se abrazó a Suri
sin saber qué sería de ellos
pero confiando en Aique.
No sé qué fue de ellos,
pero Aique creció
Aique se propagó, siguió.
Hoy en mí queda poca huella
visible de Noah,
Pero llevo también su herencia.
Soy Tierra.
Soy Aique.
Soy Noah.
domingo, 22 de febrero de 2015
viernes, 20 de febrero de 2015
En resumen...
Por capricho de la genética
Sigue escribiendo en tercera persona,
como si fuera transparente
sólo por elección.
Ríe a lo alto
Llora a escondidas
Se oculta en un anonimato
que muy a su pesar
ya lleva su nombre.
(y herencia lejana)
en lugar de zafiros
ve desde esmeraldas
surcadas por hilos de cobre.
Jamás tuvo cintura de avispa,
sino un cuerpo para el ritmo
y la danza de la libertad.
No tiene piel tersa de pétalos
sino textura de pan casero
y perfume algo cítrico
cuando llora riendo.
Parece mucho más segura de lo que es
pero es mucho más decidida
de lo que lenguas sin desenredar
se animan a sentenciar.
No duerme sin escribir apresurada
su lágrima guardada desde hace tiempo.
Es mujer pero también es música.
Guarda mil palabras que conoce muy bien
y sin embargo no se atreve a pronunciar.
Es mujer que no usa color rosa
Fotógrafa que no puede recordar imágenes
Guarda como tesoros sus primeras y más básicas partituras
Prefiere hablar a escribir
Pero prefiere mil veces escribir a gritar.
Llora pero puede igual sonreírDeja el celular a distancia cuando leeTiene libros manchados de café porque lee desayunandoGuarda una guitarra rota porque encierra más recuerdos que problemasCanta "para sí" ignorando que todos la escuchanCuando se da cuenta sonríe y disfruta.
Sigue escribiendo en tercera persona,
como si fuera transparente
sólo por elección.
Ríe a lo alto
Llora a escondidas
Se oculta en un anonimato
que muy a su pesar
ya lleva su nombre.
Es
Es mujer que no usa color rosa
Fotógrafa que no puede recordar imágenes
Guarda como tesoros sus primeras y más básicas partituras
Prefiere hablar a escribir
Pero prefiere mil veces escribir a gritar.
Llora pero puede igual sonreír
Deja el celular a distancia cuando lee
Tiene libros manchados de café porque lee desayunando
Guarda una guitarra rota porque encierra más recuerdos que problemas
Canta "para sí" ignorando que todos la escuchan
Cuando se da cuenta sonríe y disfruta.
Escribe en tercera persona de sí misma
porque todavía juega a descubrir.
Fotógrafa que no puede recordar imágenes
Guarda como tesoros sus primeras y más básicas partituras
Prefiere hablar a escribir
Pero prefiere mil veces escribir a gritar.
Llora pero puede igual sonreír
Deja el celular a distancia cuando lee
Tiene libros manchados de café porque lee desayunando
Guarda una guitarra rota porque encierra más recuerdos que problemas
Canta "para sí" ignorando que todos la escuchan
Cuando se da cuenta sonríe y disfruta.
Escribe en tercera persona de sí misma
porque todavía juega a descubrir.
¿Equilibrio?
A veces las ganas de avanzar y de llorar tienen casi el mismo peso, y prefiero no ponerlas en una balanza por miedo al resultado...
Volver
Volver a escribir,
Volver a reírme
Volver a sonreír
Acordarme de que el tiempo dura como lo sienta
Hacer un poco más duradero cada pestañeo...
Volver a reírme
Volver a sonreír
Acordarme de que el tiempo dura como lo sienta
Hacer un poco más duradero cada pestañeo...
miércoles, 18 de febrero de 2015
Des Encuentro
Ella
esperaba como siempre alguna feliz coincidencia.
Él pasó
junto a la ventana, entró, y se sentó.
A ella
se le cayó una pulsera que levantó nerviosa.
Él
sonrió.
Ella
volvió a casa por la tarde, cansada.
Él
entró en una extraña casa ajena.
Ella
vivía en una casa baja de las afueras
Él en
un departamento del centro pero visitaba a un hermano del exterior.
Nunca
se vieron, habitaban caminos distantes,
Pero
esa noche, la feliz coincidencia y la esperanza
Se
abrazaron sin que lo supieran
Aunque
quizás lo esperaban
Cuando
ambos sonrieron y lloraron a la vez
Por el
recuerdo de un pájaro marchito hace tiempo.
¿Qué es el perdón?
Me
resulta imprescindible empezar por lo anecdótico. Hace unos doce o trece años,
en mi adolescencia, una profesora dijo en una clase: “Perdonar es olvidar, esos
que dicen ‘perdono pero no olvido’ se equivocan, porque sino ¿qué es el perdón?
Para perdonar también hay que olvidar”.
Unos
días atrás se había dado a noticia de una mujer que había muerto por violencia
familiar. Lo más destacado del hecho, era que ella había sufrido ya ante
lesiones por parte de su pareja pero siempre “lo perdonaba”.
Esto me
ponía en un gran conflicto. Estaba en mi adolescencia, definiéndome y
afirmándome como mujer, y justamente otra mujer (para mí el hecho de que fuera
mi docente la ponía todavía en un lugar de autoridad y respeto), venía a decir
que había que olvidar. Muchos pensaron lo mismo que yo y se lo cuestionaron,
pero dijo que eso era un caso especial. No me convencía, y a partir de ese
momento se me plantearon una serie de dudas que nunca tenían respuesta y me
confundían muchísimo.
¿Yo
nunca había perdonado a nadie? ¿Me iban a condenar por no poder olvidar que me
habían lastimado? ¿Aquella mujer hacía bien en “perdonar”? En realidad para mí
todas estas preguntas tenían una respuesta muy clara, pero siempre en
desacuerdo con “la voz de autoridad”.
Hablando
de tanto tiempo, y habiendo vivido muchas cosas en estos años, podría haberme
olvidado de todo esto, pero al contrario, me lo estuve cuestionando cada tanto,
y siempre terminando en el mismo espiral sin salida. ¿Qué es perdonar?
Llega el
2015. Cambio de año, de hábitos, rutinas, sueños, perspectivas. Cambio de
visión. Una mañana me desperté con mucha angustia. Extrañamente, como si a la
noche hubiese tenido el tiempo como para soñar con todos mis peores fantasmas,
me desperté recordando algunos de los peores momentos que viví. Momentos que me
derrumbaron, que me hicieron sentir que no valía nada, que yo no valía la pena.
Pero fue como si recordar todo esto me hiciera un proceso de purificación.
Sentí angustia, bronca, y en un momento me di cuenta de que estaba en otro
lugar muy distinto. Me había derrumbado pero ahora empezaba un día nuevo, mucho
tiempo después, siguiendo adelante. Se me habían cancelado sueños, pero ahora
estoy construyendo nuevos, desde otros sueños alcanzados. Me quebré en mil
pedazos pero me reconstruí con lo mejor que pude encontrar de mí.
Yo sé
quiénes me lastimaron, pero hoy, en lugar de desearles que vivan lo mismo que
yo, puedo desearles que en algún momento sean capases de sentirse importantes
desde el afecto, y no desde el poder de lastimar. Cuando terminé de sentir
bronca me sorprendía a mí misma diciendo “espero que ustedes también puedan
crecer desde ahí”.
Y
entonces me di cuenta de que al menos en mi vida, el perdón se trata de eso.
Hoy tengo muy claro quienes me lastimaron, pero puedo decir “gracias, porque me
ayudaste a crecer”.
En
todos estos casos tardé años en darme cuenta. Espero que ahora que lo entendí
pueda perdonar más pronto, aunque sin duda también necesito “recuperarme” para
eso.
Entonces:
Te perdono, pero no olvido, porque recordando sé que puedo recuperarme, y puedo
seguir agradeciéndote que me hayas ayudado a crecer. Puedo perdonarme también a
mí por haberme encerrado en la espiral destructiva de que la bronca me genere
más bronca. Y a la pregunta de “entonces
¿qué es el perdón?”, el perdón es desear que en algún momento sientan la misma
paz que sentí al darme cuenta de lo mucho que crecí desde entonces.
Crecer
Hay
cosas que cuesta tiempo entender. Me acuerdo que cuando tenía siete u ocho
años, miraba una serie infantil, en que los protagonistas eran dos hermanos.
Puede que lo escriba mal, pero creo que era “Pete & Pete” . En un episodio,
el menor de los hermanos, que tenía entre diez u once años, tenía algunos
conflictos con las reglas, y terminando hablaba con su madre sobre el miedo a
crecer. Siendo tan chica no entendía qué podía ser eso ¿Por qué alguien tendría
miedo a crecer? ¿Qué puede tener de malo? ¿Si nos hacemos grandes para
convertirnos en lo que soñamos?
Bastaron
un par de años. Cuando llegué a tener diez u once años, me di cuenta de que sí,
iba alcanzando metas, pero no por eso dejaba de asustar. Seguía viendo
distintas ficciones. Muchas veces veía representaciones de la adolescencia y no
las creía, me parecía falso. Si bien mi adolescencia estaba cerca no creía que
fuera a ser así, y pensé que me daba miedo por eso: ¿cambiar completamente o
ser siempre diferente?
En mi
adolescencia en realidad cambié bastante, pero seguía diferenciándome de esas
“estructuras”. Entonces pensaba “Capaz el miedo a crecer termine después de
esto”.
Es
curioso pensar que después me daba miedo pasar a “la edad sin nombre”. Se dice
“jóvenes, pero eso es un adjetivo, ¿qué somos en realidad?”
Pero
seguía (sigo) preguntándome ¿y hasta cuanto sigue este miedo a crecer? ¿Estas
dubitaciones? ¿Esta incertidumbre? Y me doy cuenta de que se trata siempre de
“abandonar la seguridad”. El terreno seguro al que llegamos, para arriesgar,
para lograr algo más. Entonces en realidad no se termina nunca este miedo, sólo
que con el tiempo encierra cierto placer. El vértigo del crecimiento, la
adrenalina del aprendizaje.
Y sí,
verdaderamente, no siempre es placentero, pero nunca deja de ser emocionante.
¿Vale
ahora apostar por más?
Creo
que vale la pena apostar que así es.
Rompiendo el silencio
Capaz
los haga sentir molestos por un rato con esta idea, pero necesito expresar una
idea, y quienes sientan rechazo por esto, les agradezco una distancia que sea
sana para todos (quizás no volver a hablarme…). En el último tiempo hubo muchas
repercusiones con respecto al sobrepeso.
No es
de extrañar. Se supone que se hicieron numerosas ficciones “en defensa de lo
distinto”, como “Mi gorda bella”. No puedo encontrar algo más ofensivo que eso…
Cuando se hizo esa novela (que por desgracia vi que la siguen pasando), era una
actriz tan esbelta usando ropa con relleno. Era el cuerpo ridiculizado, y la
protagonista lo era sólo por eso, por ser “la gorda”.
Ante
esto, se ha empezado con el tiempo a desestigmatizar (a intentarlo). Mujeres
ponen fotos de ellas mismas, con su cuerpo tal como es, y dando testimonio.
“Ésta
soy yo, dejen de molestarme, no me odio por tener sobrepeso”. Y fue cuando
empecé a leer lo que me movilizó a escribir esto: “No es una decisión
saludable, Tenés que reconsiderarlo”.
Ahora
verdaderamente me pregunto. ¿Hay elección? Me molestaron toda la vida por esto.
Tener unos quilos de más ya es una condena. ¿Por qué se cree que hay elección
al respecto? Todos los cuerpos son distintos, y hay cuerpos que simplemente no
bajan de peso fácilmente.
Lo más
irónico es que hablen de “Saludable”.
Brithney
Spears es una de las mujeres más lindas del mundo. Nunca se la criticó o se le
señaló públicamente su salud, aunque ha reconocido problemas de anorexia. ¿Algo
más cercano? Hace unas semanas hubo mil entrevistas a Silvina Luna. Hizo una
insuficiencia renal en una cirugía y hablaba de hacer un juicio por mala
praxis. Mentira. Su médico es colega de mi papá. Fue al consultorio con el
objetivo de hacerse otra cirugía estética (una más de las miles que tiene). Le
aconsejó no realizarla pero le insistió. Supo que si no aceptaba lo hubiera
hecho de todas formas con otro profesional, y como ya tenía su historia clínica
accedió. Cuando tuvo la insuficiencia renal no se quejó por mala praxis, sólo
le preguntó al médico “¿cómo puedo operarme ahora?”.
Entonces,
si se sigue pensando en el sobrepeso como “decisión” poco saludable, ¿por qué
no lo vemos en otros casos? La anorexia es en verdad una enfermedad, pero
“plastificar” un cuerpo para que se siga viendo adolescente por años ¿no es una
decisión cuestionable?
Estudié
todo el día, quiero distenderme, y voy a ver una película. Las mujeres
protagonistas tienen un índice de masa corporal que se acerca a lo peligroso,
no veo más curvas que las de alguna extra, que está sólo ahí para que algún
hombre haga un chiste sobre su figura, o alguna otra ficción ridiculizando la
figura femenina.
En
anuncios publicidades, lo que sea, la regla se mantiene. No importa el esfuerzo
que haga, el ánimo que tenga, la sonrisa que tenga. Estoy destinada a ser
siempre fea.
Saber
Quien
sabe un 30% cree que ya sabe un 75%.
Quien
sabe un 52% siente que no sabe nada.
Quien
sepa apenas un 52,5% con un poco de soberbia puede confirmarle “no sabés nada”
(aunque en su fuero interno sienta su propia ignorancia)
Mientras
quien sabiendo el 30% le dice “Sabés todo”.
Insomnio
Hay un
enjambre de moscas en mi cabeza.
No me
dejan conciliar el sueño.
Las
abejas de siempre combaten,
Revolotean
como nunca.
Me
pican por dentro.
Hacía
tiempo que no sangraba letras
Que no
las sangraba como ahora.
Y esta
vez,
Ni la
música las ahuyenta.
Existo
Víctor
Frankenstein halla su tormento abrazando a un Prometeo que abraza su condena.
Quise
evitar ser una piedra para el resto y lo conseguí pagando el precio de dejar de
abrazarme a mí misma.
Me
halagan una juventud que no siento, una capacidad que dejé escapar entre los
dedos por sostener una farsa.
Me
arrebataron de las manos el papiro que me nombraba. Se hizo cenizas ante mí la
melodía que me impulsaba, desconozco el color de mis ojos.
Sentí
que se me abría el pecho. Muchas veces ya quise contenerlo, pero esta vez cedí.
Todo mi ser me pedía que el latir se liberara. Ya me dolían las palmas de tanto
retenerlo, y lo permití.
Ahora
grito. Abrazo mi propia piedra, pero sin lamentarlo. Veo muchas luces que se
alejan. Me duele, pero “Prefiero mi tormento a su servilismo”.
Soy más
impulsiva y directa. No gustará, pero siento que no me conozco, y es necesario.
Regresa
mi verdad desde el averno a donde la envié por establecer un falaz pacto con el
mundo. A partir de ahora existo.
Regresar
Tener
el corazón roto me obligó a regresar.
Fue una
lágrima mi único y primer poema.
Una
sonrisa en el viento, descorazonada.
Hasta
morir en una mueca falaz,
Una
estrepitosa farsa inverosímil,
Que
regresa para llorar la lágrima primera,
Reverdeciendo
en un destello sin nombre.
Muertes
Me
despierto confundida, no sé dónde estoy.
Más
bien conozco estas paredes, estas cosas, pero estoy un poco perdida.
Encuentro
un cuaderno escrito. Escrito con mi letra.
El
último escrito tiene fecha reciente, puede que sea la de ayer.
Dice
“Sé que moriré esta noche”.
No me
acuerdo cómo me sentía al escribirlo. Capaz ya no sentía.
Capaz
lo que dice es cierto y por eso me siento tan vulnerable.
Acá
estoy, en el mismo cuerpo, con el mismo nombre, pero no soy ella.
Tengo
sus recuerdos pero no esa misma alma.
Sé que
tampoco dudaré toda esta vida, aunque desconozco cuánto será, o por qué he
vuelto o llegué ahora…
¿Llegué?
A tu casi existencia
Ya te
dije que tu sonrisa, tu forma de mirarme no son buenas antecesoras de tu
indiferencia. Pero hoy puedo decirte que te agradezco. Habremos cruzado un par
de palabras, pero no supiste acercarte a mí. Me corrijo. Fui demasiado torpe
como para acercarme, pero estabas. Estabas desde alguna sonrisa aislada, un
mirarme desde lejos creyendo que no lo notaba.
Ahora
la verdad es que no tengo la certeza de que volveré a verte. De hecho, lo más
probable es que no pase. Pero me dejaste un sabor amargo en los labios, un
sabor agridulce que no puedo olvidar. El sabor de la ausencia, de la pérdida
sin haber tenido.
Es algo
casi dañino pero dulce a la vez. Un recuerdo paradójico que no podría permitir
a alguien más darme, y por eso sé que cambiaré ¿Y si volviera a verte? Eso
depende de la oportunidad. Creo que ya no evitaría hablarte, lo haría más
segura, porque me estás cambiando desde ahora.
¿Y si
me lastimaras? No hay posibilidad de que no vuelva a ser herida, y sabiendo que
seré herida nuevamente, en este caso te lo consentiría.
¿Si te
quiero? Ahí ya no sé qué responderte, solamente sé que me enseñás demasiado
como para olvidarte.
martes, 17 de febrero de 2015
¿Soy?
Por capricho de la genética
(y herencia lejana)
en lugar de zafiros
ve desde esmeraldas
surcadas por hilos de cobre.
Jamás tuvo cintura de avispa,
sino un cuerpo para el ritmo
y la danza de la libertad.
No tiene piel tersa de pétalos
sino textura de pan casero
y perfume algo cítrico
cuando llora riendo.
Parece mucho más segura de lo que es
pero es mucho más decidida
de lo que lenguas sin desenredar
se animan a sentenciar.
No duerme sin escribir apresurada
su lágrima guardada desde hace tiempo.
Es mujer pero también es música.
Guarda mil palabras que conoce
y sin embargo no se atreve a escribir.
Sigue escribiendo en tercera persona,
como si fuera transparente
sólo por elección.
Canta en silencio
Ríe a lo alto
Llora a escondidas
Se oculta en un anonimato
que muy a su pesar
ya lleva su nombre.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)