Ya te
dije que tu sonrisa, tu forma de mirarme no son buenas antecesoras de tu
indiferencia. Pero hoy puedo decirte que te agradezco. Habremos cruzado un par
de palabras, pero no supiste acercarte a mí. Me corrijo. Fui demasiado torpe
como para acercarme, pero estabas. Estabas desde alguna sonrisa aislada, un
mirarme desde lejos creyendo que no lo notaba.
Ahora
la verdad es que no tengo la certeza de que volveré a verte. De hecho, lo más
probable es que no pase. Pero me dejaste un sabor amargo en los labios, un
sabor agridulce que no puedo olvidar. El sabor de la ausencia, de la pérdida
sin haber tenido.
Es algo
casi dañino pero dulce a la vez. Un recuerdo paradójico que no podría permitir
a alguien más darme, y por eso sé que cambiaré ¿Y si volviera a verte? Eso
depende de la oportunidad. Creo que ya no evitaría hablarte, lo haría más
segura, porque me estás cambiando desde ahora.
¿Y si
me lastimaras? No hay posibilidad de que no vuelva a ser herida, y sabiendo que
seré herida nuevamente, en este caso te lo consentiría.
¿Si te
quiero? Ahí ya no sé qué responderte, solamente sé que me enseñás demasiado
como para olvidarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario