Tener
el corazón roto me obligó a regresar.
Fue una
lágrima mi único y primer poema.
Una
sonrisa en el viento, descorazonada.
Hasta
morir en una mueca falaz,
Una
estrepitosa farsa inverosímil,
Que
regresa para llorar la lágrima primera,
Reverdeciendo
en un destello sin nombre.
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