miércoles, 18 de febrero de 2015

Existo

Víctor Frankenstein halla su tormento abrazando a un Prometeo que abraza su condena.
Quise evitar ser una piedra para el resto y lo conseguí pagando el precio de dejar de abrazarme a mí misma.
Me halagan una juventud que no siento, una capacidad que dejé escapar entre los dedos por sostener una farsa.
Me arrebataron de las manos el papiro que me nombraba. Se hizo cenizas ante mí la melodía que me impulsaba, desconozco el color de mis ojos.
Sentí que se me abría el pecho. Muchas veces ya quise contenerlo, pero esta vez cedí. Todo mi ser me pedía que el latir se liberara. Ya me dolían las palmas de tanto retenerlo, y lo permití.

Ahora grito. Abrazo mi propia piedra, pero sin lamentarlo. Veo muchas luces que se alejan. Me duele, pero “Prefiero mi tormento a su servilismo”.
Soy más impulsiva y directa. No gustará, pero siento que no me conozco, y es necesario.


Regresa mi verdad desde el averno a donde la envié por establecer un falaz pacto con el mundo. A partir de ahora existo.

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