Me
resulta imprescindible empezar por lo anecdótico. Hace unos doce o trece años,
en mi adolescencia, una profesora dijo en una clase: “Perdonar es olvidar, esos
que dicen ‘perdono pero no olvido’ se equivocan, porque sino ¿qué es el perdón?
Para perdonar también hay que olvidar”.
Unos
días atrás se había dado a noticia de una mujer que había muerto por violencia
familiar. Lo más destacado del hecho, era que ella había sufrido ya ante
lesiones por parte de su pareja pero siempre “lo perdonaba”.
Esto me
ponía en un gran conflicto. Estaba en mi adolescencia, definiéndome y
afirmándome como mujer, y justamente otra mujer (para mí el hecho de que fuera
mi docente la ponía todavía en un lugar de autoridad y respeto), venía a decir
que había que olvidar. Muchos pensaron lo mismo que yo y se lo cuestionaron,
pero dijo que eso era un caso especial. No me convencía, y a partir de ese
momento se me plantearon una serie de dudas que nunca tenían respuesta y me
confundían muchísimo.
¿Yo
nunca había perdonado a nadie? ¿Me iban a condenar por no poder olvidar que me
habían lastimado? ¿Aquella mujer hacía bien en “perdonar”? En realidad para mí
todas estas preguntas tenían una respuesta muy clara, pero siempre en
desacuerdo con “la voz de autoridad”.
Hablando
de tanto tiempo, y habiendo vivido muchas cosas en estos años, podría haberme
olvidado de todo esto, pero al contrario, me lo estuve cuestionando cada tanto,
y siempre terminando en el mismo espiral sin salida. ¿Qué es perdonar?
Llega el
2015. Cambio de año, de hábitos, rutinas, sueños, perspectivas. Cambio de
visión. Una mañana me desperté con mucha angustia. Extrañamente, como si a la
noche hubiese tenido el tiempo como para soñar con todos mis peores fantasmas,
me desperté recordando algunos de los peores momentos que viví. Momentos que me
derrumbaron, que me hicieron sentir que no valía nada, que yo no valía la pena.
Pero fue como si recordar todo esto me hiciera un proceso de purificación.
Sentí angustia, bronca, y en un momento me di cuenta de que estaba en otro
lugar muy distinto. Me había derrumbado pero ahora empezaba un día nuevo, mucho
tiempo después, siguiendo adelante. Se me habían cancelado sueños, pero ahora
estoy construyendo nuevos, desde otros sueños alcanzados. Me quebré en mil
pedazos pero me reconstruí con lo mejor que pude encontrar de mí.
Yo sé
quiénes me lastimaron, pero hoy, en lugar de desearles que vivan lo mismo que
yo, puedo desearles que en algún momento sean capases de sentirse importantes
desde el afecto, y no desde el poder de lastimar. Cuando terminé de sentir
bronca me sorprendía a mí misma diciendo “espero que ustedes también puedan
crecer desde ahí”.
Y
entonces me di cuenta de que al menos en mi vida, el perdón se trata de eso.
Hoy tengo muy claro quienes me lastimaron, pero puedo decir “gracias, porque me
ayudaste a crecer”.
En
todos estos casos tardé años en darme cuenta. Espero que ahora que lo entendí
pueda perdonar más pronto, aunque sin duda también necesito “recuperarme” para
eso.
Entonces:
Te perdono, pero no olvido, porque recordando sé que puedo recuperarme, y puedo
seguir agradeciéndote que me hayas ayudado a crecer. Puedo perdonarme también a
mí por haberme encerrado en la espiral destructiva de que la bronca me genere
más bronca. Y a la pregunta de “entonces
¿qué es el perdón?”, el perdón es desear que en algún momento sientan la misma
paz que sentí al darme cuenta de lo mucho que crecí desde entonces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario