“No llorés, vos dale para adelante”
“Esos ojos no son para llorar”
El ahogo del calor.
Las golpizas que propinan
los símbolos impiadosos.
La arena entre las manos se escurre
el agua también sigue su curso.
Salvo que el agua hierva,
que la arena queme,
y provocando las llagas
en la piel anide.
La vida es injusta e incomprensible.
Siendo irónica, fugaz,
se toma la licencia de ser repentina.
Y lo más terrible no es la muerte,
sino los rituales que la vida sostiene.
Te sueño, te recuerdo.
Te nombran y siento tu voz,
“tu voz de trueno”.
Tus “no llore m’hija”,
y el encanto de que viéndote indio dijeras
“Piano piano si va lontano”, porque
“Lo decía el nono Pepe”.
“Con esos ojos no tenés que llorar”
Pero con estos ojos también veo.
Y cada chispa es un crujido
del carbón a las brasas en tu parrilla,
y cada mota de polvo proviene de tus manos
lustrando la taba o el rebenque.
Me queda tu voz, tus manos
tu sonrisa franca por sobre el dolor.
Tus miradas al cielo,
que aunque jamás lo dijeras,
parecían diálogos con los tuyos,
como un silencioso y resignado “ya falta poco”.
Se publicó en "Autores Bonaerenses", Ed. Tahiel, 2018
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