Escucho una canción
y en un momento me cansa.
No me agota,
sino que me cansa que duela,
que duela desde hace años.
Y sí, lo sé,
hace sólo unos tres minutos
que la estoy escuchando.
Pero no es la canción
Quizás ni siquiera la melodía.
Acaso sea esa guitarra
con sabor a aires de antaño.
Sabor a apetitos de sueños sin saciar,
que derivaron en hambre,
y algunas muertes tras el olvido.
Esas muertes propias que suceden
justo después del olvido tras la renuncia.
Y escucho una canción
que me recuerda que eso es todo lo que hago.
Tratar de renacer,
bebiendo del elíxir
de mi propia búsqueda.
Se publicó en “Siglo XXI”, Ed. Tahiel, 2019
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