Un hueco en la mano que conservo,
o capaz me conserva,
me invita a recordar.
Algunos recuerdos rebeldes,
que se muestran esquivos
para después volver como fantasmas.
Fantasmas como sangre,
como parte de mí,
o como sudor, que aunque rechace me hace vivir.
Me hace buscar la aguja en el pajar,
sabiendo que sólo hay alfileres.
Me hace querer despegar,
aunque hace tiempo lleve heridas las alas.
La noche es una pócima obstinada,
que decanta y precipita en letras.
Se publicó en “Siglo XXI”, Ed. Tahiel, 2019
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