Sus manos se marchitaban
el atardecer le debilitaba el pulso
y la caída de objetos lo anticipaba.
El ocaso se parecía al comienzo.
Una primera infancia frente al espejo.
La dependencia y el tiempo diferente.
La fragilidad de los pasos temerosos.
Los ojos se entornan cada vez.
Las manos reposan con abandono.
La violencia inaudita de las horas
nos hace confundir con ese polvo
que hoy se la lleva solamente a la espera
de tragarnos en un próximo anochecer.
Se publicó en “Todo lo frágil”, Antología de Oxymoron Ediciones, 2022
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