Percibo un tango en el viento,
un dos por cuatro porteño.
Sudestada, sí, plateada.
Quinquela pintó su sol.
Quinquela Martín dorado;
un puerto en la tierra del sol.
Escribo un tango en silencio,
con este pulso sureño,
los pies despojados sin más;
zapatillas también bailan,
un ritmo ya remanyado
y obliga a este mundo a andar.
Percibo un tango obstinado,
y contrariada me encuentro,
pues no acuden a mis manos
palabras sin desconcierto.
Hilvano versos contados,
callando desasosiegos.
Escribo un tango impregnado,
de licencias de inexperta.
Tribulaciones variadas
me invaden todas las letras.
Pero cebo este margo,
esperando que lo entiendas.
Se publicó en “Poetas que cuentan”, Ed. Tahiel, 2020
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