El Merlot es amable, dulce,
como para un primer amor
que se sueña interminable.
El Syrah se viste con tonos más rojos
para llamar la atención
y dejarse seducir.
No puede saborearse impetuosamente,
hay que bordear con delicadeza.
El Malbec es serio. Más elegante.
Permite un gran disfrute
a alguien que llega con madurez e historia.
El Cabernet Sauvignon es de corazón herido.
Son pocos quienes pueden acercarse,
y no cualquier día.
Necesita tanto de seducción y delicadeza
como de una gran experiencia…
Naturalmente, cada uno de ellos, a pesar de sus diferencias,
tienen en común la demanda de tiempo.
Un Malbec con tiempo puede ser más amable que un Syrah.
Sólo algunos integrantes de una familia deliciosa…
Se publicó en “Poetas que cuentan”, Ed. Tahiel, 2020
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