La casa nos habita
nos vive, nos devora.
La casa nos respira
y se nutre de las horas vividas.
La casa perdura sin agonizar.
O agoniza sin renunciar.
La casa nos interpela.
Nos enfrenta a huellas ausentes.
Y buscamos huir de sus garras
sin sentir resistencia.
La casa nos apresa
entre reliquias que regresan,
como resabios de guerra
y hedores de ausencias.
Pero hemos caído en su trampa.
Océanos después la casa nos perdura
Se publicó en “Las Horas Vividas”, Antología de La Hora del Cuento Ediciones, 2023
No hay comentarios:
Publicar un comentario